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sábado, 28 de agosto de 2010

Héroes de la Libertad

* Por Edwin Zarco

Este libro editado por Gustavo Lazarri y Martín Simoneta que alberga once ensayos escritos por personalidades como: José Benegas, Richard Ebeling, Gabriel Gasave, Eduardo Marty, Rosa Pelz, Armando Ribas, Ricardo Rojas, Guillermo Yeatts y sus dos editores, nos proporciona una mirada amplia pero a la vez muy significada sobre doce maestros, doce ejemplos, y en esencia, doce heroes de la libertad, que nos han dejado un sin numero de lecciones y obras que nos proporcionan la base teórica, fundamento, lección, arma, y sobre todo, el sustento para defender la libertad frente a cualquier totalitarismo, que siempre querrá atentar contra ella, y postergar una vez más, la prosperidad de una sociedad, o mejor dicho, las aspiraciones que cada individuo desea lograr en base a su propio trabajo, creatividad y esfuerzo.

Mi primera sensación al terminar de leer este libro, es una sensación de motivación y ganas de seguir profundizando en las ideas y lecciones que estos heroes nos han dejado en ámbitos como: la economía, el derecho, la filosofía, la sociología y la historia, que en conjunto, son piezas claves para entender las causas de las diferentes situaciones que viven los diversos países, sobre todo, aquellos países que se encuentran en nuestra Latinoamérica, que fueron azotados por el populismo, paternalismo y totalitarismo, que son gérmenes dañinos que aún siguen pululando por nuestro ambiente.

El libro empieza presentándonos a John Locke y David Hume quienes fueron los primeros maestros que nos enseñaron el camino de la libertad y sentaron las bases sobre los límites del poder político y el respeto de los derechos individuales, gracias a la influencia y el trabajo intelectual de estos dos heroes, Países como Inglaterra y Estados Unidos de Norteamérica lograron su desarrollo y progreso. Luego el libro nos presente al tercer heroe, Adam smith, quien nos acerca de forma muy sencilla a las bases de la economía, y además, nos enseña los detalles sobre la forma de crear riqueza y los detalles implicados en este objetivo como: la división del trabajo, la mano invisible que consiste en que el progreso de la sociedad es un derivado natural del progreso de los individuos, la teoría del valor, las funciones del estado, entre otros puntos importantes.

El cuarto héroe es Fréderic Bastiat, que nos deja el ejemplo de su gran capacidad de comunicación, es decir su capacidad de transmitir con ejemplos muy sencillos aquellas complejidades del razonamiento económico. Este Maestro nos deja un ejemplo de defensa del libre comercio, en sus obras demuestra la habilidad especial para debilitar los argumentos equívocos del proteccionismo, el socialismo y del intervencionismo. El quinto héroe es Juan Bautista Alberdi, quien nos enseña a entender la relación entre el individuo y el poder público, sobre todo, nos enseña la importancia de la apertura económica, el estado de derecho y la influencia de su pensamiento en la prosperidad económica de esa Argentina que fue en su tiempo comparable a los países del primer mundo.

La sexta Heroína es Ayn Rand, que nos deja esa filosofía para vivir en la tierra, sus obras nos enseñan a comprender el accionar de los individuos en busca de la realización y progreso continuo, basado en la virtud que tienen estos, para perseguir de manera racional y productiva sus intereses personales respetando el derecho de los demás. Ayn Rand nos enseña a valorar el capitalismo, como sistema que respeta la propiedad privada y el progreso de los individuos. El séptimo héroe es Ludwing Von Mises, quien nos enseña a reconocer el valor de los emprendedores y de los innovadores tanto intelectuales como empresariales, este maestro fue un ferviente defensor de la economía de mercado y de la sociedad abierta, así como un paladín que supo desmitificar con sustento el socialismo y toda forma de intervencionismo.

El octavo héroe es Murray Newton Rothbard, quien nos abre un nuevo panorama sobre temas que han sido de exclusividad del estado como: salud, educación seguridad, impuestos, contaminación ambiental, entre otros. Considera que el enemigo de la libertad es enemigo de todos los demás bienes y frutos de la civilización. El noveno héroe es Friedrich A. Von Hayek, quién nos deja una obra basta sobre la imposibilidad del socialismo, la fatal arrogancia de los gobernantes, la crítica a la planificación económica, ingeniería social y la crítica a los postulados de Keynes que tanto daño han hecho a las Países que cayeron en depresiones y crisis económicas. El décimo héroe es Douglass North, quién nos enseña el valor de las instituciones formales (los marcos jurídicos, las leyes, etc) y no formales (la cultura, las costumbres, los prejuicios morales y religioso, etc) como puntos determinantes del crecimiento y productividad de una sociedad.

El onceavo héroe es James M. Buchanan, quien nos deja los aportes de la escuela de la elección pública, que en síntesis es una base para comprender los procesos de formación de políticas públicas y los intereses subyacentes detrás de cada decisión. Finalmente, el doceavo héroe es Milton Friedman que fue criticado por socialistas y liberales a la vez, pero que sin embargo, no deja de sorprendernos por su gran capacidad para defender la libertad, su creatividad en la formulación de propuestas relacionadas al libre comercio, la desregulación económica, la eliminación del servicio militar obligatorio, la abolición del salario mínimo y del seguro social, y su capacidad para difundir las buenas ideas.

Solo me queda decir que estos doce héroes son un ejemplo de vida, de esfuerzo, de dedicación y de defensa de la libertad, sus obras nos esperan para nutrirnos intelectualmente y estar preparados para defender la libertad, los invito a navegar por esas valiosas fuentes de conocimiento, por mi parte soy conciente que me esperan varios viajes libertarios por las páginas que estos heroes nos dejaron, y estoy seguro que las recorreré con gusto, motivación y satisfacción.
 
* Sociologo especializado en temas ambientales, liberal  y blogger. Página web: http://librelecturaperu.blogspot.com/
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jueves, 19 de agosto de 2010

Mrs Friedman.

Conozca en el siguiente artículo de Pedro Schwartz publicado por El Cato Institute a Rose Friedman, la esposa de Milton Friedman, una de las economistas más reconocidas del liberalismo y coautora del clásico: "Libertad de elegir".

Rose Friedman
* Por Pedro Schwartz

El 18 de agosto de 2009 murió Rose Director Friedman, tres años después del fallecimiento de su marido, el gran economista Milton Friedman. Como admirador de la persona y de la obra de Rose, quiero dejar constancia de su paso por la mansión del liberalismo clásico. Precisamente en estos días echamos de menos la ayuda que ella y su marido podrían habernos prestado en los debates motivados por la crisis actual: ellos habrían sabido señalar que la profundidad del crack que hemos sufrido no se debe a los excesos del capitalismo a la americana, que ahora está de moda denunciar, sino a un cúmulo de errores cometidos por las autoridades monetarias y políticas del mundo desarrollado.

Guy Sorman nos ha recordado la broma que George W. Bush, al entregar la Medalla .de la Libertad a Milton Friedman, gastó a la pareja diciendo que Rose era la única persona en este mundo que había salido victoriosa de una polémica con Milton. He oído en Madrid recientemente a su hijo David Friedman describir la atmósfera de continuo intercambio de ideas en el hogar de los Friedman, en el que nadie recurría al argumento de autoridad. Las diferencias iniciales nacían a menudo de que Rose era la más radical en su confianza en la libertad económica. Tras detallados intercambios de opinión, solían llegar a un acuerdo, pero a menudo la postura final estaba más cerca de la inicial de Rose. Sabemos que los esposos Friedman sólo en una cuestión mantuvieron la discrepancia sin ceder ninguna de las partes: la II Guerra de Irak, a la que Milton se oponía y que Rose apoyaba. Su matrimonio duró 68 años y fue felicísimo. Aún tengo en la memoria la imagen de Milton y Rose bailando un foxtrot en la reunión del cincuentenario de la fundación de la sociedad Mont Pèlerin: diminuta estatura, ingrávidos y armoniosos, su compenetración era la expresión ideal del amor conyugal.

“Los dos somos economistas pero no somos competidores”, dijo Rose en alguna ocasión. Su fuerte personalidad no le impidió seguir fielmente la vida profesional de su marido. Cada vez que Milton tuvo que marcharse otra ciudad por motivo de trabajo ella dejó el suyo. “Era yo lo suficientemente inteligente para saber que él era el más inteligente de los dos”. Con una reflexión típica de alguien que entendía el principio de la división del trabajo en la familia, añadió: “Él era el principal generador de los ingresos de nuestro hogar. Su profesión era la importante. Pero nunca me sentí dejada de lado; creo que gran parte de su éxito me es atribuible a mí”. ¡Bienes complementarios!

Rose Friedman contribuyó sobre todo a la parte más práctica de la obra por la que su marido fue galardonado con el Premio Nobel en 1976. Cierto es que, recién casados, colaboró en el acopio de datos estadísticos para lo que luego sería el libro quizá más científico de Friedman, el de la Función de consumo (1957). Sin embargo, las obras que firmaron juntos fueron de carácter aplicado o biográfico.

La primera publicación conjunta fue la de Capitalismo y libertad (1962). En la página de título de ese libro señala Milton que lo escribió “con la colaboración de Rose Friedman”. Así relanzaban una línea de argumentación que ahora parece evidente, pero casi había desaparecido en la primera mitad del siglo XX: que el capitalismo no sólo fomenta la prosperidad sino que sobre todo es la base necesaria de la libertad personal en todos los órdenes. Muchos años más adelante, en 1980, Rose fue coautora de Libertad de elegir (1980), el libro que recogió y amplió los diez episodios de la serie del mismo nombre para la televisión.

Conseguí que esta serie se proyectara traducida al español en TV2 en 1981. El escándalo que produjo en España fue mayúsculo, incluso entre las filas de UCD, el partido entonces gobernante. Me impusieron que cada episodio fuera seguido de un debate en el que participaran también enemigos de la libertad de mercado. No crean que los representantes de la entonces naciente CEOE se mostraron entusiastas del capitalismo: los que hablaban en nombre de los empresarios no salían del “ni tanto ni tan calvo”. No ha habido forma de emitir esta serie otra vez este año, cuando nos inundan otra vez con falacias keynesianas y socialistas. Lean por lo menos el libro en la reciente reedición de la editorial Gota a Gota.

Aún más oportuno para los tiempos que corren es La tiranía del status quo (1984), también producto de la colaboración entre los esposos Friedman. Se enfrenta este libro con una paradoja del liberalismo clásico. El capitalismo ha sido extraordinariamente beneficioso para la humanidad, como lo demuestra el aumento de prosperidad y la reducción de las desigualdades en todas las partes del mundo en que no han fallado los Estados. Pero entonces, ¿por qué es tanta la resistencia a llevar a cabo las reformas liberadoras? En el más pesimista de sus libros, el matrimonio Friedman analizaba los trucos y mecanismos que usan quienes detentan el poder político, sindical y empresarial para mantener sus privilegios a costa del procomún.

En la última producción del matrimonio Friedman, fue Rose la que llevó la voz cantante. Se trata de Dos personas con suerte (1998), el libro de memorias contado por ambos a dos voces. Publicó Rose en Japón un libro de diez capítulos sobre Milton. Decidieron transformarlo en una encantadora autobiografía. Así sabemos el detalle de cómo Milton, que nació en Nueva York, era descendiente de inmigrantes judíos ucranianos. Rose llegó a Portland con su familia de judíos también ucranianos cuando ya tenía dos años. La historia del progreso de estos descendientes de inmigrantes desde la más angustiosa pobreza hasta la prosperidad y la fama pertenece a otros tiempos, en los que los pobres progresaban en EE.UU. por el esfuerzo y el estudio. El hermano mayor de Rose, el economista Aaron Director, le pagó los estudios y la inscribió en la Universidad de Chicago. Allí se encontró con Milton, su compañero de curso en la clase de Jacob Viner. Fue estudiante doctoral con Frank Knight y trabajó con Milton en Washington, en una agencia del New Deal, recogiendo estadísticas sobre el consumo. Floreció así una amistad que, tras un prolongado y respetuoso noviazgo, acabó en matrimonio seis años después, una unión a la que se comprometieron “hasta que la muerte nos separe”. ¡Hermosa historia!

*Pedro Schwartz es Presidente del Tribunal de Defensa de la Competencia de Madrid y Profesor de Economía de la Universidad San Pablo CEU.
Artículo de la Agencia Interamericana de Prensa Económica (AIPE)






 

sábado, 22 de mayo de 2010

Libertad de elegir

En nuestra sección "El recomendado de la semana", les traemos un libro clásico para todo defensor de la libertad.

Libertad de Elegir
Milton Friedman

Las políticas keynesianas hicieron estragos en la década de los setenta al sorprender a propios y extraños con la dolorosa estanflación. Las promesas de la “nueva economía” del listillo británico se habían vuelto pesadillas. A principios de la década siguiente, los liberales despertaron de su letargo y Libertad de elegir fue una de las puntas de lanza de ese resurgimiento liberal.

A diferencia de obras anteriores del mismo autor, como Capitalismo y libertad, este volumen no presenta una gran complejidad analítica. No se trata de un denso manual de abstracta teoría económica atiborrado de sesudas ecuaciones matemáticas y jeroglíficos cartesianos, como cabría esperar de uno de los más destacados miembros de la Escuela de Chicago. Muy al contrario, es un libro muy asequible destinado al gran público.

El primer capítulo analiza la importancia del mercado y el sistema de precios. Empieza comentando el conocido relato Yo, el lápiz de Leonard R. Read. Hasta un producto tan simple y común como el lápiz de grafito requiere un enorme esfuerzo de coordinación entre múltiples agentes económicos. Se requiere un elevadísimo conocimiento. Este conocimiento está disperso entre millares de profesionales de los más distintos sectores: los taladores de la Costa Oeste, los fabricantes de las sierras que usan esos taladores, los obreros de los altos hornos donde se hace el acero para fabricar esas sierras, los transportistas, los mineros de las minas de grafito, y un larguísimo etcétera. Nadie ha recopilado nunca todo ese vasto saber que es necesario para fabricar el lápiz. Y, sin embargo; mediante el mercado, se consiguen fabricar muchísimos lápices de grafito que se venden por todo el mundo a precios bajísimos.

Esto es posible gracias al mecanismo de precios, que permite transmitir información relevante por todo el mercado, sirve también de estímulo al incentivar la producción de aquello más demandado y, finalmente, sirve para determinar quien se queda lo producido.

Pero el sistema de precios no está asegurado. Muchos peligros acechan y este complejo sistema puede venirse abajo o, al menos, resultar gravemente dañado. En gran medida, los capítulos siguientes se dedican a analizar los nocivos efectos que la intervención estatal tiene sobre este utilísimo mecanismo. Muestra los destrozos que han provocado un sinnúmero de regulaciones en mercados tan diversos como el transporte ferroviario, la energía, el sector financiero, el mercado laboral o la educación.

Así, en el tercer capítulo, Friedman analiza la crisis de 1929, de la que culpa al Sistema de la Reserva Federal. Lamentablemente, pasa de puntillas sobre la cuestión del patrón oro y su análisis queda cojo. Ante otras crisis, observa Friedman, la reacción habitual de los bancos comerciales había sido restringir los pagos hasta que se recuperaba la confianza en el sistema. Esto causaba dificultades a muchas personas pero evitaba el agravamiento de la crisis. Pero hacía poco que se había creado la “Fed”, que actuaba de garante último de todo el sistema financiero. Y, comprensiblemente, al haber un garante último, los bancos no redujeron en lo necesario los pagos. Tampoco lo hizo la “Fed”, así que un gran número de bancos fue quebrando y la crisis empeoró.

Y tras la crisis vino el “New Deal” de Roosevelt y el Estado del Bienestar. El gasto publicó creció y se diversificó en innumerables programas sociales. El resultado ha sido dudoso en el mejor de los casos; por un lado, este enorme gasto ha restado recursos a los sectores productivos de la economía y, por otro, estos programas no han traído el bienestar prometido.

De entre estos programas fallidos destaca el sistema educativo. Aquí, Friedman hace una pequeña concesión al no reclamar la total privatización del sistema. Él se contentaría con el sistema de vales por el cual los padres pueden elegir a qué escuela mandar a sus hijos. Es, en su opinión, un pequeño paso hacia una mayor libertad de elegir.

Finalmente, en el último capítulo, Friedman comenta los cambios que ya se aprecian en esos momentos. En 1979, el mismo año en que escribió el libro, Margaret Thatcher ganó las elecciones en el Reino Unido tras una dura campaña de crítica constante a las políticas derrochadoras keynesianas. Poco después le seguiría Ronald Reagan en Estados Unidos. Aprovechando este cambio de opinión, Friedman acaba el libro con algunas propuestas concretas de reforma constitucional para limitar el gasto público y la regulación de los sectores económicos.

* Reseña escrita por: Antonio Mascaró Rotger.

--> Tomado de la web: liberalismo.org
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